sábado, 7 de enero de 2012

Lluvia

Recuperarte en medio del caos,
hacer que te queden fuerzas,
para liberar la lluvia encerrada por la tormenta
y quedar cubierto por la noche,
noche inmune, cortante,
por la luz hiriente y madura
de filas de tópicos revueltos
por el mar y el más alto oleaje,
responder con estruendo, jactancia,
masacre, rareza, responder
empapada y seca, rodeada de valles anchos,
caminos estrechos y cuerpos cansados,
camiones de luces que no vuelven
llevados al pozo irreversible, sin retorno.

No me quedan las palabras,
no me queda el corazón
y el sexo es sexo robado.
Me dejan un cuerpo
y me quitan el amor, culebras
con ilusiones, hadas descalzas
y música rallada, pies astillados,
bocanadas animales, aire humano,
descabellado, perdido, aire muerto.

Oir por un momento, un recuerdo,
no ser ya el ciego, ser cualquier otro,
contener tu mano y tu sonrisa, ser en ti
lo que siempre fui pero olvidar,
más y más, por debajo del suelo,
suelo ajeno, calcinado, chafado,
amorfo, y nuevo, viejo, pintarlo,
devolverlo pero escupir sangre,
derramada, suave, débil, retenida
en miles de segundos pequeños
y no aguantar los grandes,
estar hecho con patrones caducados
y tener piernas que tiemblan,
manos que deciden por ti
y boca que no calla, ganas ajustadas
y hechos silenciados, desajustar
el reloj humano, separar una vez y otra
hombre y mujer, la mala compañía,
eternidad y silencio, lecho intermitente
y coches de choque, y nunca saber
qué será lo siguiente, aguantarse el hambre
por el orgullo, apetito que se solapa, chocolate,
fascinación, farsa, inundación,
tumefacción, rarefacción y calentón.
Y vuelta a empezar, verte
como la primera vez y fundir estos pozos
hondos bajo mis venas, ser lluvia,
lluvia enfadada, rabiosa,
interminable, que cae y encharca,
sin salida y con entrada;
no te dejaré marchar. Pero vete
y vuelve cada vez, yo prometo
no dejar de esperarte.

Estar dispuesto a probar amoníaco
y que te den vino y miel, pero palabras prontas
sólo pueden ser falsas o frágiles
y cuando te bebo no lo sabes,
¿lo sientes o sólo lo dices,
o lo dices pero lo sientes? Y miedo,
los reyes vienen cargados de miedo,
miedo que se derrama por los bordes de las persianas,
ya no puedo volver atrás, lo has cambiado todo
y ni siquiera te das cuenta,
porque sigues andando hacia delante
contento, pero no lo sabes,
no conoces mis ojos, no, son el fin
de todo lo que has conocido,
no sabes que te vas a morir
en mis brazos, que el tiempo corre
y ya es demasiado tarde,
estás en el túnel de los contratiempos,
tú que sólo sabes llegar pronto,
y ya no vas a ser el mismo,
te voy a destrozar y te recogeré
cuando menos me esperes
y serás ser nuevo, único, tremendo,
no sabías lo que es temblar
pero este túnel está lleno de temblores
y estás atrapado, no te dejo ir
porque yo ya he empezado a morir,
porque nunca es nunca para siempre,
porque ésta que soy ahora
es piernas y brazos y manos
y ojos que se retuercen dentro de ti,
que luchan por salir y salir vivos,
porque esto es ahora o nunca
y es demasiado tarde, demasiado,
no puedo abastarlo, me quedo corta,
mi pensamiento se colapsa, ya no puedo pensar,
no puedo, no soy yo, soy cualquier cosa
menos yo, esta piltrafa que se mece
en tu mirada y se recompone por momentos,
cualquier persona vale ahora,
en tus manos, gafado y herido
pero inconmovible, fijado al suelo,
lobo en medio del frío, gato ahogado
pero con seis vidas delante, y aguijón.

Mariposas que giran y se comen
a sí mismas, no poder ya escribir, olvidar,
sólo decirlo, decirlo como sea,
agarrarlo como sea, a cualquier precio,
quedando cada paso por el borde
de la vía, arrollados los muertos;
con los ojos tapados y vírgenes,
así te miro, acojonada y decidida
a poseer cada paso, cada atardecer,
aun sobre un lienzo de hielo, patinando
contigo, y no soltarte aunque lo desee,
y no odiarte aunque lo persiga,
y no olvidarte aunque lo reclame al cielo.

Víctima de mis propias plegarias,
tirar mis poemas por el suelo,
no se saben escribir solos, luchar
por el habla, habla resbaladiza, desviada,
querer callar como sea pero tenerte
y esparcir sueños y sonrisas, sobre el más puro
invierno, invierno fusionado con olas de verano,
mix desencajado, palpitante,
pingüino en el Caribe, amante reventado,
en tus manos, y sólo saber decir que no,
que no puedo, que muero,
que me insultan mis propias palabras,
que la felicidad me escupe en la cara,
que yo no soy esa mujer,
esa extraña que te besa, extranjera,
irreconocibles las promesas
que se hicieron solas en el desierto,
y cogerte por el cuello, y asfixiarte con amor,
y despedirme del miedo,
compañero infranqueable y fiel,
y abrazar la vida, vida que empieza,
sin nada, muerte súbita y seguir arrastrando cuerpo
hasta este rostro tuyo que no me cabe dentro.

Y aun así retengo el amor,
un cualquiera andando ayer por la calle,
calle frenética, solitaria, en calma,
porque es este respiro el que
me hace daño, no ser ya mía,
no poder ser ya de nadie, presa
de este sueño, sueño volcánico
que me abrasa y me cuelga
del rincón más deshabitado, y tener tú la llave,
estar acorralada, y huir pero no poder huir,
y hablarte sin alcanzar las palabras,
aislar este miedo y esta soledad,
y sentir, sin embargo, la vida que late
a lo lejos, cada vez que recorro
ese rostro lejano, explosivo, fascinante,
contra pronóstico, y dejarlo en empate,
y andar del revés, esclavos del viento,
y mirarte y mirarte y mirarte
hasta hartarme, y querer más, hasta matarte,
hasta comerte los rasgos y alimentarme
de horas que no tengo, y de besos robados,
abandonada en la cama de otra, zombie pero
dando caladas al aire, trepo
hasta tu cuello y me escondo,
que no me vea el miedo,
cuento latidos espaciados, de este
desposeído, entregado, arrancado,
en tus manos, la nada en tus manos,
y la cuestión es si te llega
este solitario, este cuerpo colgado
del palo más alto, y encadenado,
agrietado por las horas y los años,
cronometrados, sin prisas,
enana por lo imposible y gigantesca
la niebla de la colmena, trepando
hasta el absurdo monocorde.

Entender el blanco, color anterior
a lo humano, cuando por fin te has ensuciado
y entonces divisar algo, resolver
una pieza clave, pieza que no encaja
pero tijeras en mano y fuerza, fuerza cercana,
espuma, mar frotado por santa Rita,
y almas primitivas, húmedas, fiebres eternas,
no poder perderte en casa impropia,
seguir, seguir en tus manos,
no saber parar, no saber,
no retroceder, cualquier cosa menos nadar,
sólo avanzar, torpe, pies encogidos,
pecho ensanchado por la lluvia, cabeza inerte.

Apañárselas sin norte y bañarse en el sur
en la estación silenciosa, pacto
sellado que conmueve, me conmueve,
me perpetra en el espacio y me da tiempo,
conquista evanescente, ilusión o mentira,
amor, quién sabe. La lógica no se adapta ya
al paisaje, si me has envenenado,
y yo que la dejo de lado sin saber
si te marchas o te quedas
soy la más estúpida fuerza humana,
la más miserable, el más devastador
huracán humano, abocado a un foso
abominable, indomesticable, vertiginoso, salvaje,
así que no me tientes: podrías no volver nunca,
ser víctima del hambre que has acechado
y la energía que has desatado,
si mientes vas a ser el último hombre,
la tormenta más grande, vas a ser
el puto infinito y vas a envidiar al mortal,
hombre que se acaba, que muere.

Días irrenunciables, frases pagadas,
niños en la jaula, y no saber si rescatarlos.
Dejarlos ahí, con los lobos.
Que aprendan o mueran. Lluvia.
Lluvia de párpados y de mares,
y de inviernos cálidos. Vivir un sueño
y no saber si pellizcarte,
por precioso o por insuperable, por mortal,
por humano, por frágil, por adictivo.
Por arte, por magia, por ti, por mi,
por nosotros, por todo y por nada.
Por falta de explicaciones, falta de palabras,
por excesivo y tierno, por sencillo,
por problemático, por forzadamente
complicado y por fácil. Fácil respuesta,
difícil pregunta, justa partida,
generosa vida. Dar las gracias, dártelas,
gracias, gracias, gracias, por ser más,
mucho, mucho más. Y por hacerme decir
esto sin decirlo, y hacértelo llegar
sin que lo sepas. Por no dejarme fastidiarlo,
por no poder contigo, no poder matarte.
Por eso te digo que te quedes, que te vayas
y que vuelvas.