jueves, 25 de diciembre de 2014

Navidad

Ayer hablando con una buena amiga me di cuenta de algo que puede parecer muy simple pero no por ello tiene menos fuerza, al contrario, creo que la simplicidad de lo que me gustaría contarte hoy es la clave de lo que me pasó ayer con ella.

No fue tanto lo que me dijo sino cómo lo dijo y el efecto que tuvo en ambas. Y quería compartirlo también contigo para trasladarte a ese lugar sin tiempo ni espacio que todos merecemos experimentar. No es algo que uno vea cada día. Y en realidad es el motivo por el que nos levantamos todos los días. Nuestro motor de vida. Es así de simple: me abrió el corazón.

No fueron sus palabras, ni siquiera sus gestos, que podrían haber sido otras u otros. Porque el amor no está en las cosas sino en nosotros, que podemos expresarlo de infinitas formas.

Fue su actitud, su forma de transmitir aquel mensaje. Me pareció fascinante. Porque en algo tan sencillo pude reconocer a la persona detrás de todas esas capas distractoras que nos protegen en nuestro día a día. Pude mirarla a los ojos y verle el alma. Y lo mejor es que abriéndome su alma, sentí que abría la mía.

Así de bello puede ser el encuentro con el otro. Ya que cuando nos abrimos causamos ese efecto, damos coraje al otro para hacer lo mismo. Y ya no son dos pantallas protectoras enviándose mensajes distorsionantes, sino un alma mirando a otra. Sin juicios. Sobran las palabras.

Te animo pues a transmitir ese amor que todos llevamos dentro y nos empeñamos en ocultar a los ojos del mundo. Sin buscarlo, sin pretenderlo, sin forzarlo. Porque sí. Sólo si lo sientes. Sin esperar necesariamente algo del otro, dátelo a ti mismo, concédetelo. Ensánchate, ábrete. No te cierres, ¡estás vivo! Simplemente no escondas lo que te hace grande. No porque sean unas fechas u otras.

Por eso, en el fondo, me encanta la Navidad. Porque uno puede usarla para dar aquello en lo que solemos ser tan perezosos el resto del año. No es más que una excusa para celebrar el amor.

Qué absurdo en realidad. Cuánta autocondena. Pero sin miedo no habría valientes. El miedo desaparecerá con el tiempo. Y entonces sólo nos quedará si dimos lo mejor que tenemos a pesar del miedo, que es pasajero. Lo que queda es el amor. No el miedo.

Lo que no quiero que me quede al cabo del tiempo es la sensación de haber amado poco, mucho menos de lo que podía. Fíjate todo lo que puedes conseguir con algo que parece tan nimio, cuánto coraje te dará algo tan pequeño. Son esas pequeñas cosas las que permanecen. 

Por eso, si encuentras el momento, sea el que sea, en Navidad o cualquier otro día del año, para transmitir ese bien abundante pero que nos empeñamos en hacer escaso, es posible que se acabe multiplicando. Y ya no sea una emoción pasajera sino mil emociones que se gravan en el recuerdo al verte reflejado en los ojos de la persona que tienes delante y ella en los de otra y otra en los de otra... Que lo disfrutes! Feliz Navidad.


miércoles, 3 de diciembre de 2014

Gracias

Hoy cambio a este formato por primera vez desde el breve comentario de la primera entrada. A raíz de un email y una serie de experiencias que he tenido últimamente, he sentido la necesidad de comunicarme de una forma distinta esta vez. Espero dar respuesta a ella en esta entrada y entablar una mejor conversación contigo, dándote un poco más de mí, darte las gracias y contarte mejor por qué hago esto.


Empecé a escribir a los 15 años, cuando mi tutora y profesora de castellano en el instituto al que me cambié en 4º de ESO, me alentó a hacerlo. Era un momento difícil para mí, me había vuelto tan desconfiada que apenas me relacionaba y supongo que el que alabara mis redacciones sobre El guardián entre el centeno de Salinger me hizo empezar, crear un refugio en el que me sentía fuerte. Con el tiempo, la escritura se volvió para mi casi una necesidad. No sólo era el área de mi vida que más me llenaba, en la que me sentía completamente libre para ser yo, en la que podía abocar toda mi locura, sin reglas, sino que yo diría que algunas veces me curaba de tal forma que literalmente me salvó la vida.

Cuando inicié este blog en junio de 2011 (a los 21), hace tres años y medio, no sabía a dónde me llevaría. El caso es que no hago esto porque espere algún tipo de reconocimiento, al revés, justamente comencé un poco porque, después de superar una fobia social por mi cuenta, ya no esperaba nada de nadie. A principios de la universidad, había enviado algunos poemas a concursos. Nunca gané nada, sólo quedé finalista en uno de poesía corta de la UPC en 2009, en el que tuve que leer un poema muy personal delante de bastantes personas poco antes de los detonantes que desencadenaron mi fobia. Pero después de ponerle punto y final escribiendo un trabajo también muy personal (trato de poner tanto como puedo de mí en las cosas que me importan) para una clase sobre Antonin Artaud, dejé de intentar escribir para nadie y hacerlo sólo si salía de la necesidad, si ardía por dentro. No he publicado con regularidad ni siguiendo ningún canon pero estoy orgullosa de poder decir que cada poema de este blog está escrito con sangre.

“Una obra de arte es buena cuando brota de la necesidad” Rilke. Cartas a un joven poeta


Desde entonces, me han pasado muchas cosas, no ha sido fácil pero me he hecho mujer mientras publicaba aquí, he crecido escribiendo. He aprendido a escoger amar y aprender, por encima de la seguridad y lo cómodo, a actuar desde el corazón tanto como desde la cabeza, a no hacer las cosas si no las siento, a hacerlas cuando las siento, por mucho que me cueste, a ser valiente, a ir a contracorriente. Este blog me ha acompañado en algunos momentos importantes de mi vida: mi primer beso, mi primera vez, algunas rupturas... Me ha hecho inventar una salida cuando no la encontraba, cuando la emoción me ahogaba, procesar sentimientos que no identificaba, decir adiós, olvidar (un verdadero reto para mí), cerrar etapas para abrir otras nuevas (antes me resultaba un misterio), empezar de nuevo, volver a sentir...

“No se nace mujer, llega una a serlo” Simone de Beauvoir


En estos 10 años escribiendo he conocido a muchas personas significativas. Sólo por nombrar algunas a las que me gustaría dar las gracias especialmente: Estel·la Serrano, Marina Lluís, Laura Prats, Mònica González, Efrem Gordillo, Miguel Fuensalida, Aleix Mercadé, Lluna Nerín, Xavi Lindes, David Fermiñán, David Verdú, Xavier Boillos, Maria Rosdevall, David Martí, Albert Serra, Isabel Molina, Joan Tort, Artur Martí, Ferran Berenguer, Joan Manel Martín, Xavier Verdaguer, Manolo López, Humberto Fernández, Pilar Yagüe, Pepe Martín, Omar de la Fuente, Josep Morell, Pilar Simó, Albert Àvila, Lídia Martínez, Santiago L. Petit, Ivo Güell, Jordi Pallarès, Mar Morelló, Clara Cortadelles, Oriol Juanpere.

No merezco nada, no creo en el merecimiento. Pienso que la única persona que tiene el poder de decirte quién eres, eres tú mismo. Esta idea fue clave para mi, me liberó en muchos sentidos. Y todavía lo hace, cuando lo olvido y me lo recuerdo. Incluso cuando creemos que son los demás los que nos definen, nos elevan o nos dañan, somos nosotros quienes les damos permiso para hacernos sentir así, los que nos lo creemos. La culpa es algo que nos pertenece, de lo que somos responsables. Manejamos el sufrimiento hasta el punto de poder decidir cómo vamos a vivir (“el dolor es inevitable…”). Tan importante es aprender a separar lo que nos pasa de cómo lo vivimos, qué interpretación le damos. Para mí, pues, este blog significa que yo decido cómo vivo mi vida. Y ahí el merecimiento no tiene cabida. Ni la culpa. Ni la moral.

Soy consciente que vivimos en un mundo en el que te van a juzgar, te guste o no, cada día de tu vida, por cada palabra, cada gesto, cada estupidez que salga de ti. Te van a condenar. Ahora, esa condena te pertenece, lo que hagas con ella es cosa tuya. Tú eliges. Y no trato de esconderme con mis poemas, de buscar algún tipo de oscura redención por parte del mundo. Al contrario, trato de liberarme de esa debilidad humana, de traspasar los límites mundanos, la incomunicación y la falta de palabras, de ser valiente, de dejar de esconder lo que siento, de curar lo que de otra forma encerraría hasta que me matara por dentro.

Además de la esperanza de dejar algo que me suceda, traspasar lo poco que soy, comunicarme, expresarme con total libertad, escapar de las normas, rebelarme, conectar conmigo misma, encontrarme contigo. Porque creo que justamente en esto en lo que nos sentimos más solos es en lo que más compartimos, lo que más nos une, lo más humano: nuestra fragilidad, nuestro miedo, nuestro deseo, nuestras esperanzas. Que, paradójicamente, como expresaba Artaud con el concepto de impoder, es aquello que nos hace más fuertes: el poder de no tener poder.

El arte, para mí, es eso. Convertir la muerte en vida. Resucitar a los muertos. Reescribir el pasado para poder cambiarlo. Coger lo que murió dentro de mí y darle expresión para que vuelva a la vida en forma de palabras. Aprender a jugar. Recordarlo, porque ya sabíamos y lo olvidamos. Es un regreso. Ir más allá de lo que, de otra forma, sería rencor y pesadilla, alzar el vuelo sobre lo que nos pudre por dentro y dejarlo atrás. Poder mirar hacia adelante.

Y quiero creer que hay algo en esa motivación, en esa alquimia, que no es sólo personal. Tengo la esperanza de no hablar sólo por mí, no decir sólo lo que a mi me quedó por decir, sino también lo que a ti te arde por dentro, lo que te está destrozando, matándote poco a poco. Quiero liberarme y liberarte. Quizás ese objetivo es más ambicioso. Pero con que pueda llegar a una sola persona, me doy por satisfecha, mi paso habrá valido la pena. Y eso es, para mi, la vida. Poder darnos, al menos, eso. De lo más profundo, lo que no muere. Eso que es genuino, que viene del alma. Que es totalmente gratuito, que no tiene condición ni permiso, que no se posee, que no se ata a nada, que crece cuando se da, cuando se comparte. Creo que lo llaman amor. Pero amor de verdad. No el que se aferra, sino el que no espera, no calcula. La esperanza que no está sujeta a expectativas, por humanas que sean.

Esa ambición tengo, la de ir un poquito más allá. Salir a tu encuentro. Darte lo mejor de mi. Abrir mi alma sin miedo para iniciar un diálogo, aunque sea con el universo, aunque las respuestas no se vean, aunque lo que reciba no se pueda tocar (porque eso no quiere decir que no sea mucho, muchísimo. Porque realmente he aprendido a no necesitar demasiado de los demás. A la fuerza.) Hablar contigo cuando estoy arriba y sobretodo cuando estoy abajo. Porque ahí es donde me siento fuerte, en ese proceso de transformación de la muerte en vida, de lo que no dices pero te mata en arte. Ese es mi regalo. Lo que puedo aportar, mi granito de arena. Y quiero aprender a comunicarlo mejor día a día si puedo. Por eso tengo nuevos proyectos.

Voy a empezar otro blog, que estoy definiendo un poco más cada día, desde el que hacer todo esto de una forma más directa a la larga. Pero mantendré éste en paralelo.

Así que, aunque para mi esto no deja de ser algo muy personal, que ya vale la pena desde el momento en que me lo saco de dentro, que hago en un principio para salir renacida, transformada, de cada pozo en el que me hundo; espero que cuando estés ahí abajo, en momentos que no sean fáciles, nos encontremos para poder cogerte de la mano y remontar juntos. Esa es mi propuesta. Te propongo empezar este camino sabiendo que cuando termine ya no seremos los mismos, nos habremos transformado, habremos renacido.



Porque la vida de la que hablo no es mera supervivencia. No es la opción más segura, ni siquiera te ofrezco una opción. Sería maravilloso si solamente te contagiaras de mis ganas de vivir. Ser otro siendo tú mismo. Porque no deja de ser un camino de vuelta, un camino a casa: a toda la inocencia que dejaste por el camino, sacarte de encima lo que te corrompe, lo que te rompe cuando más vulnerable te sientes. Crecer justamente volviendo a tu ser, a tu esencia, a lo que sientes de verdad, con toda el alma, pero dejaste atrás, encerraste para limitarte a sobrevivir. Esa no es tu vida, es la que has cedido a tu miedo, que te está devorando.

Pero el miedo no es el malo de la película, es, por el contrario, la bendición que te señala el camino hacia lo mejor de la vida. No creo que existan “los malos” ni “los buenos”, como tampoco “el amor de tu vida” o “el trabajo de tu vida”, todo se basa más bien, pienso yo, en las decisiones que, para ti, tengan sentido, en la vida que seas capaz de crear de dentro hacia fuera: es tu elección, está en tus manos. Tú eres el autor de tu miedo, de tu sufrimiento, de tu fuerza y de tu felicidad, de tu vida.

Nuestras circunstancias no son más que detonantes de toda esa vida interior, que estaba esperando que le dieras la oportunidad de salir, que estaba muriéndose por expresarse, que pugna por entregarse, más allá del ego, cuyo papel es finito. El inicio de algo mucho mayor, que le precede y le sucederá.

Porque la misma vida, la de verdad, se crea, se decide, es puro arte.

Quiero enseñarte a renacer, a destruir lo que te está matando por dentro convirtiéndolo en motor para proyectarte hacia donde realmente quieres ir, para que puedas cumplir con tu misión, tu propósito de vida. Hacer lo que has venido a hacer. Crear el sentido de tu vida, activamente, en lugar de pasarte la vida esperando. ¿Te atreves?



Imatges: unsplash.com

domingo, 23 de noviembre de 2014

Espera

Si alguna vegada vas tenir-la, s’evapora,
el vespre plana sobre els lladres d’espècies,
el terra es refreda tard, masses paraules,
i la nit cau sobre ella, tantes raons per buscar-la,
tan poques recompenses i, tot i així, 
el seu silenci és una cova ferma,
un dia només teu, en el que jaure sense pressa,
ser la culpable, pecadora que tancà la porta,
i era mera supervivència, realisme
plagat de somnis de ferro, resistents 
al pas dels dies de tempesta, volàtils
fins que reposen en aquell estrany
que et va fer sentir a casa, carregat
al sentit de la memòria, metàfores fràgils
perquè no tenen port possible, només trànsit,
un moment rere l’altre, cors perforats
i ja és demà, més enllà de les trobades,
el diàleg terrible, que cruix 
i es cus a les pedres, guardianes
d’experiències amb autors desconeguts,
que es claven en converses alienes,
com encadenar-les si aquesta soledat
patina com la pista de gel 
en la que em vas fer vulnerable?
No és cola ni mare, no calma
ni reposa, arranca, maldiu, bull
com una onada remoguda pel vent,
i el sabor de les llàgrimes a la boca
no és de ningú, terreny foraster,
el soroll del motor que t’arrossega
cercant-la, incerta, horitzontal
com la línia de la posta de sol,
llunyana però calant l’irreversible,
ja invisible, fent-ho poc suau,
més real que mai. Ja no hi ets
i ni l’enyorança es fa present
enmig del pas radical que suposa
avançar en una esfera, marxar
arribant, volar encadenant-te,
comprometre la llibertat
mentre estimes l’inestimable,
i ser-li fidel, després de tot,
perquè segueixes transformant
el que et destrossa, inventant
una mentida per trobar-la,
escrivint un poema per dir-te
en versos el que m’encalla
i parlar pels muts, els morts
i les espases, artificiant-te,
recreant-te, obessionant-te,
exigint-te, barallant-me
amb una sombra d’innocència,
una fisura que col·leccioni el passat,
un blog que enganxi el que ha de venir,
una mirada que em torni avui
el que em vas prendre,
el que et vaig donar,
el que ja no tornarà,
i, al final, l’art de la mort,
l’art nou, la màgia,
la veritat, la llibertat
i el respecte no són més
que el paisatge, un fons, 
una manta, peces d’un gran mapa,
vides que es guarden, camins, 
horitzons de sentit i nosaltres formigues 
traspassades per un amor inabastable,
milions de matisos irreconciliables,
tants vocables i només un record,
el d’una connexió, una il·lusió,
el d’un nen perdut i retrobat,
el d’una esperança, que no es perd.



sábado, 18 de octubre de 2014

Condena

Metida la cara de la victoria 
en la lengua de los loros,
te arranca rastros el deseo
empapándote los labios, la ropa,
pensando que saborearías la fuente
de todo lo que merece la pena,
inventar, buscar incansable
otra obsesión, nuevos senderos, 
faros de colores extraños, decisión
y coraje, sin rastro del ayer,
rehecha la sintonía de locuras
pasadas, levantada tu fortaleza,
recuperada la verdad como espada,
en tus manos la esencia, el ser
que queda, ni leves magulladuras,
completamente otra, compartir
el botín, consciente de lo invariable,
intocable por el tiempo, sin soborno
ni culpa, con entereza pero hasta arriba
de mentiras, medias tintas y perezas,
bullicio buscado, amoral, corriente,
saludable, que se raja cual herida
punzante, hacia dentro, batería
de espejos rasgados, calientes,
una cara de gala y un veneno correcto,
sencillez que cala pero manos agachadas,
una carrera corta y de nuevo amaneciendo
en esta tierra semejante, sin un hueso
memorable, cada caja del asilo,
cada anzuelo útil, vela
por un silencio roto, una palabra,
y cada abrazo que te cura
se convierte en una cana,
un pozo, un recuerdo,
un baúl lleno de besos
y tú, más adelante en el camino,
viendo en el retrovisor un motivo
de olvido, una cabeza vuelta,
tratar de sanar con más besos,
o con más gritos y tropiezos,
lo que sólo se queda quieto,
aferrado en una casilla
del tablero, balbuceando,
y garabatear en la acera
lo que te gustaba, 
lo que creías que te calmaba,
lo que casi te mata,
convertido en un bálsamo,
en una condena.


miércoles, 6 de agosto de 2014

Refugios

Como me atraviesas sin estar aquí,
me ladras, me consuelas, me envenenas
y no me dejas huir. Aguanto el tipo
pero siempre vuelvo a por más,
otro colocón, otra sensación, otra vida,
tu mirada, tu cuerpo, me carcomen,
caen sobre mí como el plomo,
me acarician como el satén,
y ese efecto cala hondo, me mece
hacia ningún momento y ningún lugar.
Bajo los párpados más llenos, más amplios,
deconstruyo barreras para llegar a la cima,
clavo la estaca y dejo que fluya
el dolor confiado, la venganza más fría,
el placer estático, profundo. Calibran
las fibladas el mensaje, lo cuelan,
lo deshacen en refugios apartados,
inexplorados y cálidos, desierto tormentoso
y humilde, básico, subterráneo. Camuflada
la emoción en movimientos cerrados,
repetidos, desaprendidos y amados
en su primer brote, magullados pero 
comestibles en su estado más puro,
ni originales ni esenciales, sólo frugales,
sin expectativas, rotos, colocados
en el instante preciso, irrepetible, 
ya borrado. Sin recuerdo, sin pena,
garabateado en la arena, borboteando
llanos, pasados, por venir.





sábado, 17 de mayo de 2014

Fuego

El cielo que abrasa y el amor
que envenena, la voz en tu cabeza
tratando de recordar que puedes confiar
en ti, seguir arriba pasando
por el frío extremo, la sed,
la soledad, el impoder y el miedo,
vivir ahí, en el hielo, aprender
a nadar con piedras en el corazón,
acallar lo que no entiendes,
razonar con lo oculto,
racionar lo irrazonable,
abrazar a alguien con una hacha
para matarte, conservar la intuición
y los reflejos mientras tratas de no
destruir tu propia inocencia,
dejar que te arranquen la piel
para poder recuperarla y que
no te quede nada, preguntarte si puedes
contagiar y proteger lo más humano
en este pozo, si puedes salvar
a alguien con tus esfuerzos, tu dolor y
tus recuerdos, fotos extrañas
y propias, tener que reconocerte
en el olvido, sufrir en el cuerpo
las lecciones del alma sin dejar
de creer, de comprender, parar
de autoinfligirte el resto,
sacarte de lo más profundo
del océano al mundo y al sufrimiento,
volver de la paz en el sueño
y en la muerte al mismo dolor
y el mismo cuerpo, las mismas quemaduras
y dejar que se acerque el hacha
en la misma herida y en la misma fuente,
no cerrar los ojos al mal
que te quiere despierto,
decirle que amarás aunque te queme,
que serás valiente, que ya has pasado
por demasiado para acabar rindiéndote,
que cualquier forma de tortura es tu casa
y tu fuerte, que la muerte del ego
es sólo el comienzo, que eres más,
mucho más y estás dispuesto,
que la batalla es larga
y esta es tu cara de redención y cabreo,
de sacrificio y de nervio, enfermedad y creencia,
sin guardar reparos ni suerte, en lo sano,
lo verdadero, lo que no muere,
la sangre adentro, trayendo refuerzos,
transformando la gravedad en espacio y tiempo
de reflexión, pensamiento y ausencia
de límites, de paredes y cuerpos,
de astucia y de recelo, víctima o verdugo,
ausencia de papeles, aspectos,
teatro y espejos, retornando lo añorado,
consumido el arrebato, queda el silencio
pero no el pánico ni el recuerdo,
sino la vida y el fuego, latiendo.


miércoles, 14 de mayo de 2014

Obsesión

Clavar la estaca y aposentarte,
estar preparada y apostar una mano,
arrasar con todo y regresar al desierto,
aridez que te mantiene libre. Aún dormida,
ya no sabes nada, de dónde sales,
a dónde llegarás. Pero te esparces en el tiempo,
ocupas todo el espacio posible,
te haces visible en la marea de sueños,
fluyes como la cascada de la que vienes,
navegas en un bote pinchado
y quieres llegar a la cima, sin ingredientes
ni salvavidas. Inventarte la receta,
arrastrar el bagaje sin poder recoger
un sólo recuerdo, levantar una casa sin ladrillos,
cementar el mar, apresar lo arrollador,
primar lo pendiente, transitar de lo múltiple
a lo concreto, tener tantas respuestas
y aguardar, sin embargo, una obsesión
por el único misterio irresuelto.

Fomentas lo lento con la paciencia
agotada y el deseo obstruido en el balcón,
juegas sin tiempo, vives en la ilusión,
todo mente y espíritu, y pasión refrenada,
a mínimos, vapuleada por riendas disueltas
en melodías disonantes y días claros,
domésticos, maleables. Sujetar
la entereza y el hambre con compulsión,
sin opulencia, sobrevivir en los extremos,
conjuntar el silencio con el ruido, la lucha
con la diplomacia, la lujuria con la complacencia,
la verdad con el engaño, dejar
que los contrafácticos peleen
sin desgranarse, que el día y la noche
se desborden, mezclen el albedrío
sin caer. Y resistir arriba,
a pulso, redactar el guión,
colgar la valentía por ser un lujo
pero permitirte una carta en blanco,
una pregunta, una moral, una compensación.




viernes, 21 de marzo de 2014

Más

Meditar el final, ver como cruje
cuando las luces se apagan
y cogerme a la tormenta, recurrir
al lado oscuro, las reservas,
fibras internas y golpes que resuenan,
porque me he hecho para esto,
coger el silencio y armarme
en una página en blanco,
mientras las hazañas no son nada,
remontarme al monstruo y los recuerdos
y la montaña escalada, la energía nuclear,
el agua que brota de los rincones
no es para estancarse,
brilla en la distancia, con brío,
hacia el temor, el horizonte.

Estar hecha de sueños
que hacen trizas, y querer más,
anhelar la vida y la muerte
como si fueran una, no bastar
mirar al vacío, querer meter la verdad
en todo esto, que se filtre el sufrimiento
y se destile el éxtasis, tocar el cielo
y quedarme, comer las sobras
y permanecer, sangrar como los niños,
salir sola a buscarme como antes,
a pesar del candado reventado
de la jaula en que me encerraba,
encender los barrotes como antorchas,
gatear hasta Marte y volver por tajadas,
arrancarle una manta a la torre de hielo,
ser un extraño en la selva, trazar un mapa
de migajas de pan para llegar al infierno
y hablar con el diablo, cuando estás más allá
de cualquier pacto o promesa,
y pisar rebelde las llaves,
como si supieras salir, hacer camino.

Pero estoy hecha para esto,
esta es mi vida y mi fuerte,
aunque me derriben y cambien las fronteras,
porque estaba sola cuando me buscaba
y todavía soy la que pierde la consciencia
cuando te piensa, porque esto es el fin
y el comienzo, mi flujo interno, mi fuerza,
y no me bastan la razón ni las palabras,
esto es pura pasión y puro miedo,
temblar en la batalla más animal
para poder ser valiente, revivo
y el instinto me domina, sólo te sostengo,
no te tengo, ni me tienes, el veneno
me carcome y estoy desatada, maldita,
de paso, y no hay más.







sábado, 1 de marzo de 2014

Mis sueños

Caer mientras caen los sueños
por las fuentes de ayer,
ser menos que nada, cero, 
y, sin embargo, resurgir todo en esta nada,
poder amasar mi cuerpo hasta hacerme
entera, hasta lo que fui, y empezar a recordar
un dolor incontenible, notar la herida
en carne viva, encararme con todo
lo que tengo, todo lo que soy, toda mi fuerza
destructiva, todo mi poder de demolición,
de resurrección, poner fin al desconcierto,
agarrar lo frágil que sobrevive en mí,
guardarlo y recuperarme, poder
darle respuesta y confiarme,
soportar esta rabia y transformarla,
ver como viene a borbotones, bocanadas,
arcadas, cascadas y se derrama por todas partes,
y escribir porque no puedo hacer nada más,
aporrear las teclas, aguantar,
firme bajo la lluvia, sin personajes,
ser yo, gastada, pero yo,
sacarle jugo a estas noches
esperándome, y estar aquí
todavía, abierta al monstruo,
hablarle como si fuera ayer,
despertar después de una ilusión,
decirle que seguiré aquí aunque me queme,
que no voy a volver, que ya no me asusto,
que el susto era yo, que nunca seré 
de los demás antes que mía,
que no estoy en los sueños de nadie,
que estos son mis sueños,
que ya no seré otra, que me encontraré,
me perderé y me volveré a encontrar,
hasta desbordarme y nadar
en este océano, que estoy preparada,
que el juego acaba de empezar
y voy a jugar hasta el final.


domingo, 9 de febrero de 2014

Todo y nada

Transgredir lo monótono
para poder entender la vida
que esconde este impás y entregarla,
entregártela toda. Necesitar demasiado
pero poco, querer abarcar pero romperme
en mil pedazos y no tener miedo,
de buscar y no encontrar.
Sentirte por dentro, querer estallar,
pero no tener cuerpo y estar en ningún lugar.
Descubrirte, leerte, escucharte,
pero no tener nada, ser vacío,
sin vías de contacto, ser humano.
Porque sustituí toda esa pasión
por mera supervivencia. Haz que vuelva,
sé mi camino para decir todo esto, de algún modo,
todo esto que recogí en las entrañas,
¿lo ves? Es un regreso a lo nunca vivido,
un comienzo. Poder crecer
dando lo que me queda
y lo que creo, lo que escribo.
Crecer como crece la luna.
Amar obviando lo soñado. Morir
imaginando lo vivido. Caer escalando
por tu cuerpo. Liberarme dejando
que me cojas fuerte. Sujetarme
sin que me toques. Tenerme
en la distancia. Y esperarte. 
Musa del sexo y el arte. Recibir
lo necesitado. Escarbar lo desierto.
Desertar de la muerte vivida. Colarme
por el fuego viva. Despedirme
para encontrarte. Recaudar este rastro moribundo, 
para salir fuera a sentirte, notarte. Destacarme
y destacarte, desatarme y encarnarme
en mí y en nadie más. Dejarme ser
y ya está. Ir hacia adelante
cuando voy hacia atrás, fuera de control,
ser la de siempre, la que siempre fui,
más allá de los sueños. Sin falsos motivos
ni ficciones, poder arrancarme de dentro
sin teñirme de nadie. Ir a buscarme
donde me dejé. Ser mi propia fuente,
ser quien soy. Darte mi sed, darme,
recibirte para encontrarme. Sentir
la nada y el todo, bajo la piel 
y la coraza. No tengo reglas ya,
si me dejas sin armas, si no puedo,
por más que lo intente, detenerte,
si estoy fascinada y quiero robarte,
agarrarte, tocarte, saber que estás aquí,
que no es otro sueño sino otra vida,
vida reencendida, mecha y chispa.
Escupir el cerebro, volverme salvaje,
dejar de soñar y volar de verdad,
tirarme por la ventana, porque no estás muerto,
no, nunca lo estuviste, sólo esperando,
porque todos esos besos son sueños,
que me hacen escapar, vivir 
más allá de estos límites
terrestres, amargos, y mostrarme
sin nada y con todo, flotando en el vacío,
me cojas o no, ya me ha invadido este insomnio
y caeré hasta que me mates,
más deprisa o más despacio,
no importa, porque has encendido una luz,
que me guía hacia todo y hacia nada,
y me siento libre, desencadenada,
pájaro, tenga derecho o no,
lo sepa o no, vuelo hacia ti y hacia nadie,
me tengo sin retenerme, te tengo sin poseerte,
me hundo y amanezco, despierta, soñando,
ligera, voraz, doliente pero fuerte,
bajo el abismo infinito, sin metas, sin tiempo,
fluyendo mas cayendo, ya no me aferro
al asfixio, y puedo respirar, me dejo
coger aire, escapar pero quedarme
contigo.

























Sadness of Gaia de Josephine Wall (http://www.josephinewall.co.uk/)