sábado, 17 de mayo de 2014

Fuego

El cielo que abrasa y el amor
que envenena, la voz en tu cabeza
tratando de recordar que puedes confiar
en ti, seguir arriba pasando
por el frío extremo, la sed,
la soledad, el impoder y el miedo,
vivir ahí, en el hielo, aprender
a nadar con piedras en el corazón,
acallar lo que no entiendes,
razonar con lo oculto,
racionar lo irrazonable,
abrazar a alguien con una hacha
para matarte, conservar la intuición
y los reflejos mientras tratas de no
destruir tu propia inocencia,
dejar que te arranquen la piel
para poder recuperarla y que
no te quede nada, preguntarte si puedes
contagiar y proteger lo más humano
en este pozo, si puedes salvar
a alguien con tus esfuerzos, tu dolor y
tus recuerdos, fotos extrañas
y propias, tener que reconocerte
en el olvido, sufrir en el cuerpo
las lecciones del alma sin dejar
de creer, de comprender, parar
de autoinfligirte el resto,
sacarte de lo más profundo
del océano al mundo y al sufrimiento,
volver de la paz en el sueño
y en la muerte al mismo dolor
y el mismo cuerpo, las mismas quemaduras
y dejar que se acerque el hacha
en la misma herida y en la misma fuente,
no cerrar los ojos al mal
que te quiere despierto,
decirle que amarás aunque te queme,
que serás valiente, que ya has pasado
por demasiado para acabar rindiéndote,
que cualquier forma de tortura es tu casa
y tu fuerte, que la muerte del ego
es sólo el comienzo, que eres más,
mucho más y estás dispuesto,
que la batalla es larga
y esta es tu cara de redención y cabreo,
de sacrificio y de nervio, enfermedad y creencia,
sin guardar reparos ni suerte, en lo sano,
lo verdadero, lo que no muere,
la sangre adentro, trayendo refuerzos,
transformando la gravedad en espacio y tiempo
de reflexión, pensamiento y ausencia
de límites, de paredes y cuerpos,
de astucia y de recelo, víctima o verdugo,
ausencia de papeles, aspectos,
teatro y espejos, retornando lo añorado,
consumido el arrebato, queda el silencio
pero no el pánico ni el recuerdo,
sino la vida y el fuego, latiendo.


miércoles, 14 de mayo de 2014

Obsesión

Clavar la estaca y aposentarte,
estar preparada y apostar una mano,
arrasar con todo y regresar al desierto,
aridez que te mantiene libre. Aún dormida,
ya no sabes nada, de dónde sales,
a dónde llegarás. Pero te esparces en el tiempo,
ocupas todo el espacio posible,
te haces visible en la marea de sueños,
fluyes como la cascada de la que vienes,
navegas en un bote pinchado
y quieres llegar a la cima, sin ingredientes
ni salvavidas. Inventarte la receta,
arrastrar el bagaje sin poder recoger
un sólo recuerdo, levantar una casa sin ladrillos,
cementar el mar, apresar lo arrollador,
primar lo pendiente, transitar de lo múltiple
a lo concreto, tener tantas respuestas
y aguardar, sin embargo, una obsesión
por el único misterio irresuelto.

Fomentas lo lento con la paciencia
agotada y el deseo obstruido en el balcón,
juegas sin tiempo, vives en la ilusión,
todo mente y espíritu, y pasión refrenada,
a mínimos, vapuleada por riendas disueltas
en melodías disonantes y días claros,
domésticos, maleables. Sujetar
la entereza y el hambre con compulsión,
sin opulencia, sobrevivir en los extremos,
conjuntar el silencio con el ruido, la lucha
con la diplomacia, la lujuria con la complacencia,
la verdad con el engaño, dejar
que los contrafácticos peleen
sin desgranarse, que el día y la noche
se desborden, mezclen el albedrío
sin caer. Y resistir arriba,
a pulso, redactar el guión,
colgar la valentía por ser un lujo
pero permitirte una carta en blanco,
una pregunta, una moral, una compensación.