sábado, 18 de octubre de 2014

Condena

Metida la cara de la victoria 
en la lengua de los loros,
te arranca rastros el deseo
empapándote los labios, la ropa,
pensando que saborearías la fuente
de todo lo que merece la pena,
inventar, buscar incansable
otra obsesión, nuevos senderos, 
faros de colores extraños, decisión
y coraje, sin rastro del ayer,
rehecha la sintonía de locuras
pasadas, levantada tu fortaleza,
recuperada la verdad como espada,
en tus manos la esencia, el ser
que queda, ni leves magulladuras,
completamente otra, compartir
el botín, consciente de lo invariable,
intocable por el tiempo, sin soborno
ni culpa, con entereza pero hasta arriba
de mentiras, medias tintas y perezas,
bullicio buscado, amoral, corriente,
saludable, que se raja cual herida
punzante, hacia dentro, batería
de espejos rasgados, calientes,
una cara de gala y un veneno correcto,
sencillez que cala pero manos agachadas,
una carrera corta y de nuevo amaneciendo
en esta tierra semejante, sin un hueso
memorable, cada caja del asilo,
cada anzuelo útil, vela
por un silencio roto, una palabra,
y cada abrazo que te cura
se convierte en una cana,
un pozo, un recuerdo,
un baúl lleno de besos
y tú, más adelante en el camino,
viendo en el retrovisor un motivo
de olvido, una cabeza vuelta,
tratar de sanar con más besos,
o con más gritos y tropiezos,
lo que sólo se queda quieto,
aferrado en una casilla
del tablero, balbuceando,
y garabatear en la acera
lo que te gustaba, 
lo que creías que te calmaba,
lo que casi te mata,
convertido en un bálsamo,
en una condena.