jueves, 8 de enero de 2015

Ahora

Amenazas que planean en el horizonte
temporales, inventadas, turbadoras
dardos fehacientes, incisivos, penetrando
el muro, la distancia, esperando
alguna señal de vida
mientras me parto por la mitad.

Mitades hermanas, chocando
en el espejo de la mentira,
de la falta de hierro, de peso,
de importancia, la cara de la indiferencia,
heridas en calma
y corazones curtidos a patadas,
rastros vecinos, compañía
forastera y familiar en este día
maltrecho, partido, a medias,
casas abandonadas, vacío conocido
y despertar en otra vida, con otro cuerpo
y otra sonrisa, cosida en la carne
y la cima, porque me levanto
cada día de la tumba,
porque ya es ayer, ya fue,
y hoy, que dispongo de mi mente,
cada recurso, compro las recompensas,
salgo tranquila, con un plan,
sin resistencias ni límites
a este hambre alimentado en la tormenta,
me sacia la confianza, los sueños,
las ganas de vivir, el motor encendido
y los nervios en la barriga,
todo a punto para la marcha,
no me falta nada y, sin embargo,
tu calor me traspasa el alma,
mi lejanía barre tu tacto
pero se deja tus palabras.

Aborrecer lo cotidiano,
abrazarlo, darlo sin remedio. Ocultar
en la noche
la maleza, la rabia, un canto
a lo nuevo mientras te haces viejo,
un paseo por los recuerdos
con lagos de miedo y reir
conociendo por vez primera
lo que después de tantas búsquedas
encuentras en casa
y no es el final, sólo el comienzo,
una parada antes de ir más allá.

Nacimos para momentos como este,
que condensan nuestra propósito
en un esbozo, cuatro días
que no encajan en el paisaje rutinario,
en la piel marchita, en los hombros cargados,
llegando demasiado lejos,
al fin dónde empezamos,
descubriéndolo, transformándonos
sólo entonces
en lo que somos ahora.