viernes, 13 de febrero de 2015

Dioses

Asumir lo imposible, el porvenir
indeciso, las cartas en contra y
un océano removido bajo el manto
intocable, permanente
en medio del bosque quemado,
piedras en los bolsillos, ojos encendidos,
rabia, injusticia, imperfección,
cascada imparable y el tiempo
el más sanguinario, el menos humano,
en su falta de intención, indomable,
cubriendo los montes de nieve y de sol
radiante, días que pasan, cuenta atrás
y recoger tu papel, crear la fuerza de la nada,
escalar el acantilado, verterte pisando
la línea entre la cima y el suelo,
tierra conocida, viejos escenarios,
sentirte tirar hacia arriba
pero caer hacia abajo.

Atajos que inyectan el escudo
desde las suelas de los zapatos
hasta las palmas de las manos,
sentir la alegría que sube hasta tus ojos,
las piernas preparadas, sin magia,
para soportar el camino
a contracorriente, cada músculo
desgarrándose por un poco de vida,
una señal auténtica, girarte hacia la historia
sin esperar ya nada, poder coger
con calma los pétalos de la distancia
y barrer las espinas, transformarlas
con tus palabras en balas, recursos
que calan, notarlos dentro, bombardeando
ilusiones, imparables, reconocibles,
seguir soñando, pensando, tramando
planes, trazos de luz que se esparcen
para presionar, exprimir la oscuridad
hasta extraer en crudo aquel mensaje.

Oirte en todos los rincones
de tu pasado, escucharte desde la muerte,
previsible, inevitable, futura, anunciada,
y envolver lo caducado con lo que anticipas,
constante, inesperado, sorprendentemente
insospechado, insospechadamente sorprendente,
permanente a través de los años,
cuajando la esencia, rompiendo cada rama
sobrante, desgajando lo que está de paso.
Pero encontrarte más adelante
lo que pensaste que no volvería,
lo que dejaste atrás sin girarte,
en lo que no supiste mentir,
con todos los matices que te pudieron,
torcerte mientras clamas al cielo
que no te espere, que lo que pierdes
lo ganas, que no hay culpables,
que cada abrazo cuenta
cuando por fin te callas.

Hacer conscientes los recuerdos
del futuro paseando junto a las madrugadas risueñas,
curiosas, hambrientas, que rascan
tanto lo amable, como lo falso,
probándolo todo, a ver qué pasa,
enterrando todo lo que eres,
dejando entero todo lo que amas,
por todo lo que te odiaste,
corriendo el riesgo, directo, confiado
porque ya no tienes que ser,
no tienes límites, ni espacios,
porque generas lo que falta
para fusionarte con lo que te mata,
porque puedes tocarlo
para que te explote entre los dedos,
porque sólo cuando te paras
a darte cuenta de la sombra que te envuelve,
todo lo que no quieres ver,
te abres, bien quieto, a lo irremplazable,
y se recompone, atento a su dios,
y construyes el tuyo.