jueves, 19 de julio de 2018

Expansión

Si me sujetas, sujétame,
si me dejas, déjame ir,
porque los loros hablan
y las persianas se cierran
en verano y aún así entra
el calor, lazos que se atan
sin querer y cuando ibas a
deshacerlos se te quedan 
en las manos, helado que
te corre por los muslos,
escapando de la jaula
que te fabricas cada año,
como si fuera lo que
quisieras, agitada, 
como si tuvieras prisa
por enjaularte. Camino
a nuestra gloria, insignificante
para todos los demás. Te
conocí, y ahora no sé
si me construyes o me
destrozas, si me miento
o me mientes. Personas
que no esperaste te liberan
y ya no tener que mirar
el dolor que empuña
cada palabra, transformarlo
en un torrente de júbilo,
miedo o esperanza, querer
gritar, bailar, dar un salto
al agua que te calienta
las sienes y te recorre cada
vena del cuerpo, tú sabes 
como viaja pero no la oyes,
no la sientes, cabalgas
en medio del desierto,
oasis desesperado, sola
ir hacia la deriva, la magia
de todos los amaneceres
que te perdiste, dudar de
ser algo y entonces sentirlo,
revivirlo, grabarlo, aparecer
en el futuro, ser alguien. 
Haber amado tanto en silencio,
como si pendiera la vida 
de un hilo, abrir los ojos 
a otro mañana, diferente, 
sexy, donde experimentar 
lo que ya habías sentido. Coger
todo lo que soñaste y 
levantarlo delante de ti, 
propulsor disparado,
sin retorno, girar,
sacarte de encima kilos
de mierda, reirte de la histeria,
bajar las cortinas y ver
que lo que creía que veías,
lo vi y lo olvidé. Recordar
que eras valiente, arriesgarte
a ser la tonta que te quería,
darte cuenta del abrigo en el
que te enfundaste en julio,
quitártelo todo para que pase
el aire, pisar el terror seco,
la cima despejada y con el pico
y la pala usar lo que aprendiste,
abrir la maleza, buscar
entre los restos, entender
la vida incomprensible, ser
como las olas, trazar la línea
de la orilla y dejar que pase
el océano, expandir los límites
del tiempo y el espacio, crecer
a raudales, jugando a 
saber menos, a ser mejor.