domingo, 23 de septiembre de 2018

Cero

Se inflitra por todas partes
y, sin embargo, nunca lo tocas.
Tiene sentido, creas el mundo
y lo divides, hombre y mujer,
nacer y correr en silencio
la sangre por todas las venas.
Pero en cada latido que guardo,
encierro un verso que no lees.
Todo se lo impide pero te toca
los dedos con los párpados,
monstruo enganchado, delicioso
poder que no has usado, brillo
tapado, carne tierna llena de huesos
y el cielo en un infierno, extremos
del espejo, lago cristalino
repleto de secretos. Cavar
hasta el centro y tener que salir
siendo otra. Mujeres terrestres,
amantes que se desvanecen,
renunciar a poseer lo que tienes
y cuando te cae todo encima,
levantar la cabeza. Me veo
con tus ojos, tengo miedo
y no quiero que te des cuenta.
Vida que revienta y quema
lo que es tuyo y no es de nadie,
valor acelerado, curso intenso,
24 horas y ya es mañana,
peso neto, absoluto, del viento,
que te traspasa y te eleva,
escribir otro lenguaje desde dentro
y descender de pies en el suelo
para poder decirte esto. Aunque
no sea verdadero, aunque sea
imperfecto. Y que el desfase recurrente
encaje y la meta a contracorriente
se encienda más allá de lo soñado.
Identidad etérea que se pega
a la herida y la destensa, partido,
helado, envuelto, me borro y
te lo entrego. Lo soy todo de nuevo,
no te tengo, pongo el reloj a cero,
parece que nada ha cambiado
y todo es diferente.